Cómo mi madre evitó una histerectomía total ¡Saludos desde Atlanta, Georgia! Hace un frío tremendo aquí, pero la verdad es que mi mente está encendida. Estaba en un seminario hace poco y me hicieron una pregunta que me puso a pensar: Si tuvieras la oportunidad de hablarle a 5,000 personas por una hora y te pagaran por ello, ¿cuál sería el mensaje que promoverías? Mi respuesta vino rápido: “¿Cómo te gustaría tener mejor sexo, poder vivir una vida libre de medicamentos y reducir las probabilidades de cirugías?”. Ese sería mi mensaje, y me gustaría mostrarte cómo lograrlo. Para ilustrarlo, déjame contarte una historia muy personal: la de mi madre. Nosotros hemos tenido el privilegio de ayudar a miles de personas a lograr exactamente esto.

Pero si mi mamá no hubiera tenido un hijo quiropráctico, no sé si hoy estaría con nosotros.

Hace 22 años, a mi madre le diagnosticaron fibromas en su útero. Había estado sangrando durante un año, pero no le dijo nada a nadie para no preocuparlos. Finalmente, acudió a su ginecólogo, quien le dio una noticia que le cambió la vida: “Tenemos que cortarte el útero y los ovarios, y ponerte hormonas por el resto de tu vida”. Yo estaba en la escuela de quiropráctica cuando me llamaron.

Algo en mi interior me decía que eso no podía ser correcto. Le pregunté si los tumores eran benignos, y cuando me confirmó que sí, le dije algo que me ha acompañado siempre: “Si el cuerpo los puso ahí, el cuerpo es el único que los puede quitar”. Le pedí que viniera a Atlanta para evaluar la causa del problema. Teníamos que ver su columna, su sistema nervioso, y el estado de los nervios que iban a su matriz y ovarios. También teníamos que comprobar sus hormonas y niveles de toxicidad. Mi mamá, con una mujer inmensa, confió en mí, un simple estudiante.

Me dijo: “Si no confio en mi hijo, ¿quién lo hará?”. Esa fe fue como un rayo de luz. Vino a Atlanta, hicimos las evaluaciones y encontramos subluxación y un alto nivel de toxicidad. Lo más importante fue que ella siguió las recomendaciones al pie de la letra.

Hoy, 22 años después, mi mamá tiene su útero, tiene sus ovarios, y está disfrutando de su retiro con mi papá. Su relación es hermosa, están envejeciendo con elegancia y sin un solo medicamento. Viajan, hacen ecoturismo y viven la vida que se merecen. ¿Por qué te cuento esto? Porque me encantaría llevar este mismo mensaje a tu empresa, a tu equipo. Está probado que el cuidado quiropráctico reduce el ausentismo y aumenta el “presentismo” en el trabajo. En otras palabras, tus empleados estarán más presentes y productivos. Si deseas que yo sea tu próximo orador, llámanos. Nos vemos en tu próxima charla.

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